Hay algo que es importante contaros sobre nosotros. Y aproximándose unas fechas tan emotivas como la Navidad, donde la familia y la unión es lo más importante, nos apetece compartir con vosotros nuestra historia.

Somos la tercera generación, al frente de este negocio familiar de la venta de vinos y ha pasado mucho tiempo desde que nuestro abuelo lo emprendió. Ha sido tan intensa la época en que la vivimos, primero junto él y luego a nuestro padre, que es imposible olvidar de donde venimos y no acordarnos día a día de que, lo que hoy somos se lo debemos a ellos.

Nos gusta lo que hacemos y el paso del tiempo nos facilita el trabajo con los nuevos avances tecnológicos, pero a veces,  sentimos nostalgia de la ardua labor de hacer vino y nos gusta trasladarnos de Viña Elena a Bodegas Pacheco: NUESTROS ORÍGENES.

Allí, Antonio y Miguel que empezaron con el abuelo (siendo unos crios por supuesto) llenan garrafas de vino tinto de 1 año, de 2 años de 4 años; del vino dulce monastrell, al más puro estilo tradicional, de  mistela, de vermut casero… y de auténticas delicias que la uva es capaz de proporcionarnos. Si un día te acercas por allí, lo primero que te ofrecerán será el porrón de vino dulce, para que vayas desayunado, merendado o no, lo levantes a la española, y te eches “un tiento” en toda regla. Si hace frío, te calientas  y si hace calor, pues te calientas también.

Antonio, no te dejará irte, sin darte a probar algo de lo que tiene guardado en los viejos toneles que nunca llegan a su fin.

- Ahora de este..!!, ah espera, un poco de este!! Ah, pero no te vayas sin probar este!! Y así, hasta que el que prueba dice… ¡hay madre! si  hemos parado aquí solo para preguntar si vamos bien para Albacete!

Todo esto, es un orgullo conservarlo, porque es realmente la esencia de Viña Elena. Bueno, pues lo dicho, llega la Navidad con sabor a mazapán y una mistela de Pacheco para acompañar.

Con un rollo de vino o de aguardiente,

un mantecao de aceite

o una cristóbala del horno de enfrente,,

Canta un villancico y tomate un vinico del tonel de Pacheco

y a nuestra salud, disfrútalo con tu gente!!

FELIZ NAVIDAD

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Cuenta la mitología griega, como una pareja de enamorados ZEUS, dios de la luz  y SÉMELE, mortal e hija del rey de Tebas, engendraron un hijo. Esto no le sentó muy bien a HERA, la poderosa y no menos bella esposa de Zeus, y en venganza le quitó la vida a Sémele.

Zeus salvó a su hijo del vientre de su madre inerte y haciéndose un corte en el muslo, lo gestó en el, durante nueve meses. Una vez transcurrido este tiempo, el bebé, a quien se le asignó el nombre de Dionisio, quedó bajo el cuidado de unas ninfas, para ser criado y educado por ellas.

Dionisio un joven astuto y hábil, estando divirtiéndose en el jardín de las ninfas, arrancó una de las uvas de una viña de alrededor, lo exprimió para conseguir su jugo y por descuido lo dejó olvidado durante varios días. Al regresar observó, como el mosto de la uva, junto al hollejo y su pulpa, se había transformado en un líquido denso y apetitoso. Coló el líquido tinto y al probar el precioso jugo, quedó entusiasmado por su sabor.

Organizó una gran fiesta para festejar el nacimiento del nuevo néctar, que además, producía éxtasis a quién lo bebía.

Así nació el vino, y fue entonces cuando Dionisio dios del vino, viajó por todo el mundo para enseñar a cultivar la vid y a su vez, llevar belleza y bienestar al mundo.

Un relato que habla de amor, supervivencia y placer. El vino es así, conjuga en sí mismo las propias fases por las que pasa, desde que es un fruto, hasta que es vino.  El amor con el que se cuida la vid, la supervivencia del fruto desde el primer momento de su transformación  y el gran placer de saborearlo. Los mitos siempre son mitos, pero transcriben verdades. El vino esconde estas verdades, que nos sorprenden en nuestro dia a día y nos producen un profundo bienestar.

Dejando a un lado bonitas botellas y coloridas etiquetas; en su interior… existe un maravilloso mundo por descubrir.

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Fotografía J.Canicio

No hace mucho, un amigo me contó su experiencia en una cata de vinos, aquí en Murcia, a la que asistió por recomendación de otro amigo. Era un curso de iniciación, con lo cual todo era nuevo para él.

Al llegar al aula, tomo asiento en uno de los puestos, debidamente preparado con escupidera, grifo, copas perfectamente alineadas y ficha de cata. Ocupando el lugar de su derecha se encontraba un señor robusto, con cara de estar bastante  instruido en el mundo del vino y a su izquierda una chica joven de unos 30 años.

La persona encargada de impartir la parte práctica del curso, comenzó con estas palabras: “La cata es un ejercicio de memoria, no se nace, se hace”, él respiró profundamente, pues tenía claro que a eso no le ganaba nadie.

Los problemas empezaron más tarde.

En una cata de vinos se producen tres fases se oyó a continuación:

Visual: Observamos matices, color, posibles partículas en suspensión…

Olfativa: Existen dos vías, directa o nasal e indirecta o retronasal.

Y  gustativa: Quizás la más complicada de las tres, pero la más precisa. Se toma una pequeña porción de vino, se borbotea para extraer al máximo todas las sensaciones aromáticas  y se escupe.

El observaba como su compañero de la derecha no paraba de tomar notas:

Fase visual: capa alta, rojo rubí…

Fase olfativa: pimiento rojo.

Como pimiento rojo!! Pensó, pero como puede oler este hombre a pimiento en el vino. Por más que acercaba su nariz a la copa, para él era imposible percibir ese olor a pimiento y menos rojo, así que anotó a lo que en realidad le recordaba ese olor:

Fase olfativa: camisón de mi abuela.

La fase gustativa, también le pareció curiosa, pues su vecino de al lado, al borbotear el vino con el paladar, lanzaba unos sonidos espeluznantes.

Tuvo mucho interés por experimentar la percepción del vino por vía retronasal (modo de extraer al máximo el aroma al vino), así que como todo un profesional, inició el proceso  y cuando quiso hacer el barboteo de aire con el vino en la boca, sin poder evitarlo este, salió a derechas e izquierdas, como si de una fuente se tratase y el precioso rojo rubí , con notas a pimiento rojo y camisón de la abuela, voló hasta descender como el rocío de la mañana entre el resto de asistentes. 

Y en ese momento…fue cuando le vino el pimiento rojo.

“UN BUEN CATADOR NO NACE SINO SE HACE. Todo es práctica y buena memoria.”

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¿Cuantas veces nos hacemos la pregunta? ¿Que vino compro para la cena de esta noche,  la comida familiar de mañana, o la reunión y el picoteo para los amigos?, una tarea complicada.

Sabemos que a cada sabor, le va un vino. Nos guiamos por lo que siempre hemos oído de que la carne con el tinto, el blanco con pescado y si hay dulce… pues con el postre.

Si, es cierto y casi nunca fallamos siguiendo este orden. Es importante saber que cuando comemos carne, el  tinto  acompaña muy bien, porque las mismas proteínas de la carne, neutralizan los taninos del vino. Y el pescado en la mayoría de las ocasiones, según con el tipo de salsa que esté cocinado, combina bien con el vino blanco.

La armonía entre la comida y el vino,  es muy importante porque uno no debe restarle nunca importancia al otro, tienen que complementarse de la mejor forma posible.

Pero en esta ocasión vamos a buscar otra fórmula, para maridar nuestros vinos,  quizás  una más divertida.  Entre la gama de vinos que tenemos en Viña Elena,  he escogido algunos para acompañar ocasiones y momentos de nuestro día a día.

Así por ejemplo: ¿que tengo esta noche?, vienen a verme a casa, unos primos lejanos que hace tiempo que nos los veo con lo cual la jornada se presenta  tranquila, y bastante correcta, pues ya lo tengo, un  Familia Pacheco Roble, voy a quedar genial, nos va a suplir la falta de conversación, porque el vino hablará por si solo.

Y mañana, he quedado encargada de llevar el vino al almuerzo de trabajo que tenemos en la oficina, para terminar de comentar unos temas importantes. Pues sin duda me llevo el Pacheco tinto cosecha 2010,  su toque de frescura al ser un vino del año, un vino monastrell que sin duda equilibrará el momento.

Y el viernes por la noche,  salimos a cenar los de siempre, con nuestros temas de siempre y dispuestos a no mirar el reloj, pues sin pensarlo me pido un Cucos de la Alberquilla, vino cabernet sauvignon, divertido, alegre, explosivo y con gran personalidad.

Bueno ha llegado el domingo y la comida familiar, abuelos, padres, hermanos, sobrinos, ese día que te encantaría que durara una eternidad, porque siempre te deja un buen recuerdo y la larga sobremesa te permite entusiasmarte todavía más con el vino, Pacheco Selección 2008, no digo más.

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Una nueva añada para nuestro vino Cabernet Sauvignon, que por su condición de monovarietal y su gran personalidad, año tras año nos sorprende con nuevas SENSACIONES.

En esta ocasión encontramos, más fruta madura junto al aroma a caramelo al que nos tiene acostumbrado. Las notas a torrefactos que percibíamos en la añada anterior, se sustituyen sutilmente por toques  lácteos. Se mantiene e incluso aumenta su largo postgusto y su larga persistencia en boca, dejando el recuerdo característico de sus grandes cualidades.

Un vino “buque insignia” de la casa, que con su corto paso de 4 meses por madera,  logra extraer lo mejor de esta, manteniendo añada tras añada los mismos niveles de calidad.

Siempre, ideal en el acompañamiento de carnes, asados y comidas caseras, pero no hay que olvidar su especial maridaje con un buen chocolate donde predomine el cacao.

Busca nuevas Sensaciones, busca un Cucos de la Alberquilla: elegancia, juventud y frescura en un solo vino.

Haciendo un pequeño repaso en páginas sobre vinos, por casualidad, he encontrado una publicación que habla sobre una investigación que se hizo en Inglaterra, para comprobar como una determinada melodía puede influir en un vino. Afirma, que el 60 % de las personas que participaron en dicha investigación, pudieron diferenciar un cambio en el sabor del vino,  escuchando determinados estilos musicales.

Maridar el vino con la música…no está mal!

La verdad, es que yo siempre he relacionado los vinos jóvenes, afrutados, frescos… con temas desenfadados y rítmicos. Los media crianza, (paso corto por madera) con estilos como el jazz, la bossa nova, el soul, etc. y los vinos crianzas y reservas con la música clásica. Pero,  esta publicación afirma,  que es  la variedad de uva, lo que realmente define el tipo de música o melodía que mejor puede acompañar a un vino.

Como ejemplos nombra algunas como:

MALBEC para escuchar con música clásica.
CHARDONNAY con flamenco.
CABERNET SAUVIGNON con Bossa Nova.
TEMPRANILLO con  rock.
SYRAH con  tango.

Y yo me pregunto ¿y nuestra Monastrell?, variedad autóctona de Jumilla. ¿Que música escucharía, tomándome una buena copa de vino Monastrell 100%?.

Hoy he vuelto a ver la película de Out of Africa o Memorias de África, por enésima vez y al tiempo que escucho su banda sonora, me vienen a la cabeza imágenes, olores, sabores de la tierra, del sol, de la calma y si todo esto lo acompaño con una copa de vino con todas las características  de la Monastrell, con seguridad me potencia su sabor y me permite disfrutar de un momento único.

Nuestra maravillosa uva de pámpano pentagonal y suave toque a zarzamora, sin duda, la acompañaría con música que me invite a imaginarme lugares exóticos y sobre todo cálidos. La peculiaridad de esta uva es,  sin duda, que necesita un clima cálido para madurar y por si sola, gracias a sus profundas raíces se autoabastece de la humedad o poca agua que pueda haber en la profundidad del típico suelo calcareo de la zona.

Esta planta de sarmientos gruesos y elevada resistencia a la sequía, nos da un fruto único, de gran personalidad, que nos pone el sello a los vinos de Jumilla. Así que os invito a comprobarlo, me da igual que sea con la banda sonora de Memorias de África, la música la elegís vosotros,  pero algo que os transmita energía, fuerza y sobre todo ganas de superación, porque la melodía más lenta si “cala” de verdad, puede ser la más explosiva, la que te haga sentir más vivo y autosuficiente, como nuestra uva.

Si me permites una sugerencia, descórchate un vino cosecha Paco Pacheco 100% monastrell , selecciona tu melodía y me cuentas.

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Estamos muy satisfechos este año con nuestra uva, porque si no sufrimos variaciones climatológicas importantes, se prevé una calidad muy buena e incluso excelente, en esta temporada de vendimia en Jumilla. Todavía queda bastante uva por recoger, sobre todo de las zonas más altas y algo más frías, pero si el tiempo no cambia, lo que hasta el momento está entrando en bodega es uva de gran calidad.

A diferencia de otros años, el inconveniente que nos hemos encontrado, ha sido el bajo rendimientos que nos ha dado (menos cantidad) debido a que el verano ha sido  muy poco lluvioso y esto ha influido considerablemente.

Este año hemos intentando anticiparnos al máximo a la época de vendimia, intensificando los controles en el campo porque esto influye mucho en la futura calidad del vino. Hemos salido a menudo a la viña,  con el fin de poder comprobar su evolución.

Al principio me resultaba algo curioso, cuando Elena decía: “el vino lo hacemos en la viña y no en la bodega”. Ahora creo firmemente en eso, porque lo compruebo todos los días.

En el momento que llega el tractor a la “tolva” (recepción de la uva), y la ves caer en su interior, ya tiene un destino…joven.. para un paso corto por madera.. para un paso más largo…genial!! es verdaderamente genial!!

Paco, Luis, Jose, ellos no paran ni un minuto, pesan la uva, toman sus muestras,  si hace falta se suben al tractor para que con sumo cuidado y  destreza quede colocado en el lugar exacto. Se levanta el remolque y se deja deslizar la uva para dejarla caer, y así ser dirigida por el tornillo sin fin hacia la despalilladora, con el fin de poder desprenderse del ramillete o “raspajo”. Es un trabajo muy mecánico, pero a su vez de gran emoción, porque cada minuto es importante para que todo se lleve a cabo a la perfección.

Uno de estos días tan emocionantes, estando acompañando a un grupo de amigos finlandeses que vinieron a visitar Viña Elena. Subimos escaleras arriba, en el momento de la llegada de una monastrell que rebosaba del remolque, para presenciar  el acontecimiento de su entrada…bueno, pues catorce cámaras de fotos, todas dirigidas al tractor y su uva, para inmortalizar el momento de la descarga…  no había manera de que el remolque quedara en su sitio!!.. se torcía hacía un lado , hacia el otro, cuando ya casi estaba, entonces tampoco…yo miraba a nuestros amigos del país del frío y me daba la impresión que estaban viendo un partido de fútbol, cuando el balón está cerca de la portería y casi se cuela. Unos gesticulaban, otros emitían unos sonidos que traducido a nuestro idioma debía ser algo parecido a nuestro…Huy huy huy.casi casi casi!!!

En fin, nuestro Paco (uno de nuestros bodegueros con más solera), se subió al tractor hizo dos o tres maniobras a la española y lo dejó más recto que una vela , así que las caras de nuestro amigos se relajaron, ya que, uno de ellos parecía estar preparándose, para mostrarnos su habilidad con el tractor a la finlandesa!. Y eso, la verdad, me aterrorizaba un poco.

Bueno, anécdotas ahora, casi todos los días, porque esto es como una gestación que ha llega a término para darnos el retoño. Nos tiene a todos a su alrededor, con todo listo para su llegada, pendientes, que todo esté en perfectas condiciones para mimarlo y darle los mejores cuidados posibles, con mucho cariño y dedicación. En fin, momentos importantes, que merece repetir todos los años.

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Cuando llega esta época, y estas recogiendo la cosecha, observas  como ha ido el año. Como ha actuado el sol, la lluvia, el frío del largo invierno, las bajas o altas temperaturas, en fin, todo lo que a climatología se refiere.

Entonces no puedes evitar pensar, que acontecerá y que nos deparará el próximo otoño,  invierno,  primavera y  verano antes de la  siguiente vendimia.

Que nos tiene preparada la madre naturaleza…nos lloverá lo suficiente, pero  sin excesos para no sufrir daños? Las temperaturas del largo invierno y de la próxima primavera acompañarán y nos ayudarán para realizar en óptimas condiciones nuestro trabajo de campo? Pues no lo sabemos…

Bueno si, si lo sabemos, claro que lo podemos saber, gracias a la sabiduría de nuestros mayores y a la tradición popular. No hay que esperar  a que los metereólogos anuncien las lluvias o las altas temperaturas, dos, tres o cuatro días antes, sino observar muy de cerca y detenidamente lo que transcurre día a día durante el mes de Agosto.

Se observa el comportamiento de las plantas, los animales, los insectos, en definitiva todo el entorno natural y por supuesto el cielo, es primordial para proporcionarnos la información necesaria, para prever el año venidero.

Inviernos más o menos fríos, primaveras y otoños más o menos suaves o quizás tormentosas, veranos con altas o muy altas temperaturas, todo nos lo advierte el mes de Agosto.

Este tradicional método lo conocemos como “LAS CABAÑUELAS” que proviene de la denominación “tempora”, (conjunto de métodos tradicionales que pretenden predecir el tiempo atmosférico a largo plazo).

Me encanta, cuando Paco Pacheco saca su blog de notas y mira el cielo y huele la lluvia, me encanta porque sé que Paco, sin duda, se está adelantando a muchos acontecimientos tan solo por su instinto natural y su gran credulidad por los movimientos de la luna.

Las cabañuelas de Agosto, consisten en relacionar días concretos del mes de Agosto con cada mes del año siguiente, algunos comienzan por el día 1 de Agosto, correspondiendo al mes de Enero y otros por el 2  igualmente correspondiendo con el primer mes del año.

Siguiendo la teoría de que empezaran el 2, el siguiente día correspondería a Febrero, el 4 a Marzo y así sucesivamente hasta el día 13 que correspondería a Diciembre. En muchas zonas se hacen las cabañuelas inversas (recabañuelas), es decir a partir del 14 de Agosto, vamos contando otros doce días de manera descendente, hasta llegar de nuevo al mes de Enero.

Una amiga, a la que le tenemos mucho cariño en Viña Elena, viene recabando esta información muchos años y según nos cuenta allá donde este,  hace sus Cabañuelas.

El método que utiliza es diferente, pues empieza el día 1 de Agosto, equiparándolo a Enero del siguiente año y así hasta llegar al día 8 el cual representa el Agosto actual, continua con el día 9  (Septiembre) y así hasta llegar al día 13 que es cuando comienza con las recabañuelas.

Quizás esto no está demostrado científicamente, pero para nosotros en Viña Elena es una gran fuente de datos y sobre todo una tradición que año tras año  repetimos, porque nos gusta escuchar nuestro entorno natural y sin duda creemos firmemente en el.

Creo que somos muy afortunados por lo que nos da esta tierra. Tenemos vid, olivos y almendros (entre otras muchas cosas, por supuesto) pero estas tres conforman lo que por esta zona conocemos como la trilogía murciana. Un lujo que nos embellece nuestros campos y que el visitante con tan solo una mirada a través del cristal al tiempo que conduce, le alegra el camino.

 Según la época del año el campo cambia de color. Es genial, mirar alrededor y ver el contraste del verde de la viña con sus uvas quietas en los racimos (no por mucho tiempo), los almendros en plena recolección y los olivos resplandecientes, invitándote a darte  sombra. Porque ¿quien no ha disfrutado unos minutos (y si son horas mejor), al pie de un olivo en verano, resguardado del calor intenso de los meses estivales con un buen libro en la mano?

El campo hay que quererlo y mimarlo, no solo porque nos da fruto, sino porque es el escenario de nuestras vidas y nos invita a disfrutar de momentos que solo en él podemos disfrutar, sobre todo, los que tenemos el privilegio de vivir cerca de él.

Es todo un acontecimiento, que lleguen momentos como este a VIÑA ELENA, estamos en plena recolección de la  almendra, la vendimia se aproxima y este año antes de tiempo. De momento, solo son tractores repletos de almendra, los que suben y bajan cargados hasta arriba para extenderla al sol y así conseguir secarla. Pero dentro de una o dos semanas, serán los tractores de uva, los que serán protagonistas de un año de vendimia más, un año donde se augura una muy buena cosecha.

Los primeros mostos, el olor de la uva y luego del vino, que lujo de verdad!, no podemos contener la emoción, por empezar con la elaboración y  ver que nos depara esta nueva etapa, porque en el mundo del vino todo es sorprendente, desde que lo inicias hasta que lo acabas, la llegada de la uva a la bodega, la fermentación, los trasiegos del vino, todos esos procesos que son siempre iguales, pero que marcan por si solo sus diferencias, para nunca aburrirnos, sino para todo lo contrario APASIONARNOS cada día más.

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El pasado viernes 29 de Julio, estuvimos presentes en “La Gran Cata“, organizada un año más por Vinotería “Los Chilines”, con José María a la cabeza.

Presentamos nuestro vino Familia Pacheco Selección 2008, que junto a 9 vinos más, de las mejores bodegas de Jumilla, completaron la gran cata organizada por José María. Los vinos estuvieron complementados, en todo momento, por un buen surtido de tapas y gastronomía de la zona. La música no falto, guitarra y voz femenina, que junto al buen ambiente creado y el entorno del Jardín Botánico, hicieron las delicias de los asistentes.

Solo queda, desde este blog, agradecer la invitación al evento, además de animar y dar la enhorabuena a Vinotería “Los Chilines”, por estas iniciativas y por la gran promoción que lleva realizando de los vinos de Jumilla.

Puedes encontrar el albúm de fotografias en el flickr de Juan Canicio.