
DEL VIÑEDO A LA BODEGA:
diario de vendimia 2025 en Viña Elena
La temporada de cultivo de 2025 comenzó con un invierno suave y tranquilo, y temperaturas moderadas. Las primeras lluvias de marzo llegaron en el momento justo, empapando el suelo y favoreciendo una brotación equilibrada.
La primavera se mantuvo fresca, con días nublados y buenas reservas de humedad. Las lluvias de mayo fueron especialmente beneficiosas, ayudando a que las viñas crecieran con vigor y sin estrés.
A pesar de algunas tormentas de granizo aisladas —como la del 10 de mayo—, nuestros viñedos no sufrieron daños significativos. En conjunto, fue un año favorable para el viñedo, que permitió que las plantas se desarrollaran de forma constante y equilibrada.

Julio trajo temperaturas más suaves que en años anteriores, junto con una buena amplitud térmica diaria. Todo apuntaba a una vendimia más tardía, quizá a comienzos de septiembre. Pero el verano tenía otros planes.
A comienzos de agosto, una intensa ola de calor se instaló durante más de dos semanas, con temperaturas por encima de 40 °C durante varios días consecutivos. Este aumento repentino aceleró la maduración y las uvas comenzaron a concentrarse y a perder peso —una clara señal de que no podíamos esperar más.

Ante esto, tomamos una decisión rápida y decisiva: adelantar la vendimia para preservar la frescura y el equilibrio. Comenzamos a recolectar uva Monastrell en el valle Estrecho de Marín, en la al sur de la DOP de Jumilla, el 20 de agosto, y terminamos todas las parcelas el viernes 29 de agosto —la vendimia de Monastrell más temprana jamás registrada en Viña Elena.
La vendimia en sí se desarrolló con calma. Las uvas llegaron a la bodega en excelentes condiciones, mostrando una madurez completa y buena concentración. La producción total se mantuvo similar a la del año anterior, con rendimientos muy bajos —alrededor de 2.000 kg/ha de media. Muchas de estas uvas proceden de nuestros viñedos ecológicos en Jumilla, donde la gestión sostenible favorece una expresión auténtica del terruño mediterráneo.
En 2024, las viñas terminaron la temporada exhaustas, con sarmientos delgados y algunas parcelas casi secas. Pero gracias a las lluvias de primavera, este año recuperaron su vigor y estructura —lo que permitió una poda adecuada y estableció un tono esperanzador para 2026, siempre que el otoño y la próxima primavera sean favorables para la vid.

Hoy, con los vinos reposando en la bodega, percibimos una clara expresión de equilibrio:
• Fruta más rica y oscura
• Un cuerpo más pleno y una estructura más profunda que la añada 2024
• Un carácter que refleja tanto la intensidad del verano como la calma de la primavera, influido por nuestro clima mediterráneo.
La añada 2025 será recordada como un año de decisiones rápidas y sabias, en el que la dedicación en el campo marcó la diferencia. Una vez más, nos recuerda que los vinos auténticos nacen en el viñedo —especialmente en los suelos pedregosos y soleados de Jumilla, donde la Monastrell expresa su máximo potencial.

Elena Pacheco, gerente y bodeguera, vendimiando Parcela Mandiles. 20 de agosto de 2025.